La culpa es del Loroco

Mañana encantadora, cielo azul intenso, despejado y con pocas pero muy bonitas nubes blancas como hechas de algodón, temperatura para nada desagradable, sinó mas bien del tipo de calorcito que te dan ganas de salir de casa y agarrar camino al puerto de la libertad ataviado en tu mejor y mas cómodo short, para comerse un pescadito relleno de camarones, o un “coctelito” de conchas (no sigo por que siempre me reclaman que mucho escribo de comida… jejeje); y si a todo eso le sumamos el hecho de que eran días de vacaciones de Agosto y que no había que ir a trabajar ni ese, ni el siguiente día, ¿que se les ocurre?… Vámonoooos. ¡Pero no! Como buen y viril hombre de hogar, sabedor de sus obligaciones, decidí (en ese bonito día ideal para ir a la “vagancia”) deshacerme de la maleza y las malas hierbas del jardín posterior, es decir ponerme a “chapodar”…

Todo empezó con un loroco: recientemente recibimos como obsequio una plantita de esa deliciosa flor, por lo que decidimos sembrarla en nuestro jardín, con la ilusión de recoger a futuro sus frutos que servirían para mi nutrición (¡!), pero encontrándonos con el inconveniente que en el jardín había una PEQUEÑA cantidad de maleza y monte debido al descuido que éste servidor había tenido desde que terminó la cosecha de tomates, ahuyentado por el feroz ataque de las hormigas mutantes de las que hablamos historias atrás…

Así comenzó mi extenuante jornada, corvo en mano, luchando con las crecidas, estresantes, abundantes y causantes de picazón malezas invasoras de mi jardín; todo bajo el encantador sol que no hacía mas que burlarse de mi por estar en un día tan bonito trabajando incansablemente, mientras muchos disfrutaban de ese tan deseado cocktail de conchas que yo añoraba entre gota y gota de sudor… Entonces, repentinamente lo que tanto me temía sucedió, la aparición de una de las fuerzas mas letales y mortíferas conocidas: ¡La comunidad de las hormigas!, quienes obviamente se volvieron a ensañar contra mi persona… ¡Si tan solo hubiese evitado que toda ésta maleza creciera! me lamentaba mientras rascaba y sobaba las heridas de guerra causadas por el feroz ejercito hormiguero.

Lo mismo puede llegarle a suceder mi estimad@ lector(a) si usted deja demasiado tiempo para su próximo chequeo dental. Muchas veces por olvido, por descuido, o como me pasó a mí: por falta de tiempo, descuidamos el “jardin” de nuestra boca, y permitimos que proliferen las “malezas y malas hierbas” en ella, como lo son el sarro, la inflamación de la encías, aparición de nuevas lesiones de caries, desadaptación de restauraciones antiguas, mal aliento, sangramiento gingival, etc, etc.

Debemos programar tiempo para nuestras necesidades de salud, para las consultas médicas asi como las odontológicas, un descuido puede significar tratamientos mas dificiles y molestos; en cambio consultas frecuentes pueden permitir el descubrimiento de problemas que estan iniciando o manifestando sus primeros sintomas, los cuales pueden ser resueltos con mayor facilidad. Que no le vaya a pasar las mias con mi jardin: si hubiese hecho el tiempo para eliminar las malezas cuando estaban pequeñas, seguramente pudiese haber visto con mas detalle donde estaban mis acérrimas enemigas las hormigas y podría haber emprendido un bombardeo previo para evitar su feroz ataque.

De manera que con éstas líneas, y mientras me sigo aplicando el medicamento con esteroide para mis heridas de guerra, y trato con cuidado las ampollas producidas por el corvo, le quiero invitar a usted, que tiene la amabilidad de leerme a que no deje pasar mucho tiempo para sus chequeos dentales, busque a su odontologo de confianza y concerte su cita, a la larga verá que es mas conveniente eliminar las malezas cuando aun se puede hacer con la mano (por pequeñas), que cuando estan muy grandes y ya hay que emplear corvo y herramientas mas agresivas…

Y si no tiene Odontologo de confianza, ¡adivine!… Exactamente, le ofrezco una de mis tarjetas para que me busque y juntos recortemos las malezas pequeñitas, por el momento me excuso, pues ya es hora de aplicarme mi medicina en las picaduras de hormiga y de poner hielo en las ampollas que me causó el corvo, jajajajaja

Por

Javier Francisco Roque Trujillo

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