Un sentido pésame para mi amigo “Chico”

Estando cómodamente recostado en mi agradable hamaca, bajo la muy tupida sombra de un árbol ficus, disfrutaba de la brisa matutina y el trinar de los pajaros, cuando repentinamente mi atención fue captada por el movimiento de unas hojas en el suelo, al acercarme observé un escarabajo muy bonito (tipo chicote) de colores verde turquesa y café, de un tamaño bastante considerable, casi del tamaño de mi puño (bueno, no tan grande, del tamaño de un mouse de computadora estandar), al realizar mi detallada y profesional inspección zootécnica, observé que no tenía tenazas o aguijones que pudiesen representar amenaza, ¡hasta me pareció que tenía una gentil mirada!, por lo que decidí ponerlo en un lugar donde no llamase la atención, para que no lo fueran a dañar.

Así pasó la mañana, de tanto en tanto observaba hacia el lugar donde había dejado a mi chicotezco amigo, observándolo comer plácida y tranquilamente las hojas de una plantita que estaba a su lado; repentinamente un niño que pasó a su lado se detuvo, y al notar su presencia, tomó una piedra y se la arrojó sin mas ni más, para alejarse corriendo. Ahí se quedó el escarabajo aún con vida tratando de esconderse de otro posible ataque, el cual inevitablemente sucedió: el mismo niño, ésta vez con una piedra mas grande, se acercó únicamente para arrojarla una y otra vez sobre el animalito para después huir de la escena. Un sentimiento de molestia empezó a enjendrarse en mí, mientras veía al pobre escarabajo con la mitad del caparazón destrozado y tratando de escapar de la tortura, hasta que finalmente, dejó de moverse…

Inspirado por la violenta escena, comencé a redactar una historia para compartir con ustedes en la que hablaba de la “maldad humana”, que el ser humano trae desde que es pequeño un gen innato que lo hace proclive a la violencia y a la maldad (ejemplo de ello el niño que sin ninguna razón aparente, mas que el hecho de ser un bicho”raro”, mató al escarabajo que no hacía ningún mal).

Hoy en día decir “voy a ser papá” además de la alegría y dicha que proporciona, representa un compromiso bastante grande, tanto con el ser que viene en camino, como con la sociedad, pues para ser una sociedad mejor, una “civilización” mas civilizada, la clave esta en la educación que se les imparte a los hijos, de quienes (al fin y al cabo) dependerá el futuro de la sociedad misma cuando sean adultos, dependiendo de la educación que reciban esos niños, así será el comportamiento de esa sociedad futura, la que les tocará vivir a ellos cuando crezcan…

Así llené largas líneas fundamentando mi idea de la “maldad humana”, teniendo (según yo), una muy buena historia para compartir con ustedes, mis lector@s, sin embargo, comentándole un día a un muy buen amigo e inductor en las artes de las letras, la literatura, y en la búsqueda de información en bases de datos, entre otros, que había escrito largo y tendido sobre este encuentro con el escarabajo, me cuestionaba:

– ¿Por que le achacas la maldad de TODA la raza humana a un niño que ya sea por travesura,             por temor o ignorancia hizo algo que a tus ojos resulta malo?

Por que el escarabajo no estaba haciendo nada malo, su único delito era estar en el lugar menos                   indicado a la hora menos indicada, contesté ufanoso en mi aseveración.

Entonces lanzó la pregunta que me movió completamente el piso y me obligó a cambiar el mensaje que quiero compartir con ustedes:

Si te pareció que la acción del niño era mala, ¿por que no lo detuviste cuando se acerco                   a matar al escarabajo con la segunda piedra? ¿Por qué no le dijiste nada? ¿Por qué callaste?

Sin mas argumentos, y con esa ráfaga de preguntas martillando mi conciencia, me ví en la penosa situación de responder con un soso e insípido “No sé”.

Es interesante como nosotros los humanos nos tomamos el tiempo de buscar y señalar los defectos o incluso los errores de los demás: que si habla diferente, que si se viste raro, que no puede usar el twitter, que si huele mal, que no puede mandar copia oculta en el correo, etc.  Y mientras lo hacemos no nos damos cuenta que nosotros mismos tenemos MAS defectos y errores que los que estamos viendo en el vecino, o como enseñó el Maestro de Maestros: “viendo la paja en el ojo del hermano y dejando de lado la viga que esta en el nuestro”…

Por acusar de “malo” al niño que aplastó al escarabajo, obvié el pecado o error mas grande de mi parte: ¡La omisión! Si me parecía una acción mala ¿Por qué no le dije al niño que lo que iba a hacer era incorrecto, que el animal no le hacia daño a nadie? Que era un animal raro y bonito, que no había que dañarlo por que era una especie rara que había que cuidar. Son preguntas que aún rondan en mi cabeza y me torturan por lo que representan: LA OMISIÓN.

Ese es el problema real de nuestras sociedades, nos dedicamos acusar, y con ese acto pretendemos ser héroes que velan por el bien de las mismas, sin embargo al no hacer nada, al omitir, nos volvemos cómplices de lo que señalamos; no es suficiente señalar con el dedo y decir “eso es malo”, lo correcto es (si esta en nuestros medios) tratar de evitarlo, y si ello no es posible o representa un riesgo demasiado grande, tratar posteriormente de ayudar a enmendar el daño.

De manera que esa plática con mi amigo fué para mí de bastante enseñanza, pues aprendí a ver en mi ojo la gran viga que oculta las pajas de los demás. Espero que usted también amig@ lector(a), al igual que yo, agarre  “pan para su matata”, y pueda aplicar ésta enseñanza en su caminar por la vida, asi como lo hice yo…

Por

Javier Francisco Roque Trujillo

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2 thoughts on “Un sentido pésame para mi amigo “Chico”

  1. dijo Teresa de Calcuta (1910-1997) Si no tenemos paz en el mundo, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana.
    buena reflexión la verdad es que debemos cuidar a nuestros hijos darle amor, pero sobre todo saber enseñarles a respetar la vida animal ya que ella depende la nuestra ademas es menester enseñarles la compasión por los demás seres vivos y enseñarles a ser niños en vez de intentar que sean adultos…

    1. Gracias por el comentario Victor, En efecto es en los padres en quien los hijos ven el primer ejemplo. Amando y siendo un buen modelo a seguir para los pequeños, estamos fomentando una sociedad mejor.
      Saludos cordiales

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