La Independencia no es IN

¡Cuán independientes y autosuficientes somos los humanos! Al grado que no necesitamos de otros para hacer nuestras actividades y alcanzar nuestras metas, cuando las logramos es todo por obra y gracia nuestra, gracias a nuestro duro trabajo y esfuerzo. ¿y Dios? Su papel primordial fue crear a Adán y Eva, y le estamos agradecidos por eso, pero de ahí en adelante fueron ellos quienes desarrollaron la raza humana…  hummmm

Es tal nuestra autosuficiencia que siendo niños, deseábamos ir solos a comprar pantalones, pues nos desagradaba cuando nuestra madre nos llevaba al centro comercial, y tenía la “fea” costumbre de hacernos salir del vestidor para ver cómo nos quedaba el pantalón y halar el tiro del mismo ¡y todo frente a la gente! (para uno de varón resultaba sumamente incómodo).

Siendo adolescentes hacíamos planes en nuestras cabecitas, no existía razón suficiente que nos quitase el deseo incontrolable de  ir a la fiesta de fin de año que se organizaba clandestinamente (sin permiso del colegio) con los compañeros, después de haber pasado en una ultra super pensada “negociación” con dos o más semanas de antelación con nuestros padres,  llegado el día de la misma,  era papá quien nos llevaba hasta donde se desarrollaría la fiesta y era él mismo quien, ya sea nos esperaba afuera, o nos llegaba a recoger ¡EXACTAMENTE DOS HORAS DESPUÉS! Cosa que nos causaba repulsión tal, que camino a casa no pronunciaba palabra alguna de lo “bravo” que iba, deseando ser adulto…

Y no se diga la revolución que causaba nuestra madre cuando nos obligaba a hacer la limpieza del cuarto, o a colaborar con los quehaceres en casa… “Cuando sea adulto no obligaré a hacer estas injusticias a mis hijos” era la típica frase que nos venía a la mente, mientras restregábamos el trapeador “con odio” contra el piso.

Siendo jóvenes planeábamos nuestras citas románticas al detalle pensando “la llevaré a comer pizza, después la llevo al cine, y si me alcanza nos vamos a comer un sorbete”, para ello el clásico diálogo padre-hijo:

-Papá ¿puedo ocupar el carro mañana en la tarde?

-¿Dónde vas a ir? ¿A qué hora vas a venir?, ¿Tenés pisto? Tené cuidado y pórtate bien, mira que una sóla vez vas a perder mi confianza (célebre frase de mi padre).

Y después de la rabieta por contestar el extenso interrogatorio y pensar en lo “dominados” que nos tenían,  salíamos de casa con carro y dinero para invitar a la cita o para echarle gasolina al carro, eso sí, con la obligación de regresar a casa antes de las 8:00 pm…

Siendo adultos, y como en una especie de venganza o revanchismo por toda la sumisión a la que estuvimos sometidos durante nuestra niñéz-juventud,  vivimos el día día ensimismados en nosotros mismos: MI trabajo en MI oficina, sentado en MI escritorio con MI computadora… MI MI MI MI Nos levantamos de la cama con la seguridad que a unos kilómetros de distancia está “MI” puesto de trabajo, dando por sentado que en la noche regresaré en “MI” carro a “MI” cama, todas cosas hechas únicamente por MI, con el sudor de mi frente y autosuficientemente, si quiero salgo, si no quiero no salgo, si quiero vivo, si no quiero… es asi, ¿no?

Vivimos sin notar que NO ESTAMOS SOLOS, que es gracias a esa “dependencia”, que en nuestra niñéz y adolescencia es hacia nuestros padres, que pudimos formar un carácter, que nos forjaron valores y nos dieron enseñanzas para ser hombres y mujeres de bien, porque la disciplina es necesaria para forjar seres humanos decentes y responsables, porque cada “halada” de tiro del pantalón de nuestra madre era por nuestro propio bien y muestra de su gran amor.

Siempre pensamos que como nuestros padres tenían su propia vida no debían depender de nadie, sin embargo nunca reparamos en que su amor fué, es y será tanto, que estuvieron dispuestos a sacrificar su propia “independencia”, para volverse dependientes del bienestar de sus hijos, de nuestro bienestar. Los adultos NO SOMOS INDEPENDIENTES NI AUTOSUFICIENTES, dependemos principalmente de Dios, necesitamos de Dios, es Él quien pone o quita las oportunidades en nuestras vidas, quien pone a nuestros padres en ella, a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, etc. Porque Él en su inmensa sabiduría sabe que no somos autosufucientes, que necesitamos de otros que nos hagan sentir entendidos y amados, y porque Él sabe eso se preocupa por que los tengamos, ante esto no debemos más que aceptar que, en éste sentido, nuestra independencia ya no esta IN…

Por

Javier Francisco Roque Trujillo

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