Si yo fuera rico…

En un rato de ocio, en el transcurso de la semana, repentinamente tuve el antojo de una rica comida gourmet, en un cómodo y acogedor lugar, con una deliciosa compañía  para pasar un buen momento… Así, me encontré en casa, comiendo pizza casera en compañía de mi amada esposa (¿que más podía desear?); ante la ausencia inesperada  y abrupta del servicio de cable, decidimos ver una película de nuestra extensa, rica y policultural videoteca personal (las películas que les “prestamos” a nuestros padres y hermanos y que curiosamente ya no regresan, jejejeje), ya con la panza llena, la cola cómoda y el cuerpo calientito (por la compañía) empezamos a ver ésta interesante película que trajo a mi mente muchas reflexiones:

La película era un musical norteamericano basado en la novela “Las hijas de Tevye”,  del escritor ruso Sholom Aleichem y trataba de la vida de un lechero judío  quien vivía junto a su esposa y sus cinco hijas en una aldea (Anatevka) de la Ucrania de inicios del siglo XX, donde convivían de una manera más o menos cordial la comunidad judía con la ortodoxa.  Entre hermosas locaciones, muy bonitas canciones, coreografías muy acordes con la temática de la película y personajes muy agradables y que captaron completamente mi atención, encontré un gran mensaje en el musical (nuca me gustaron los musicales, pero éste es el que ha marcado la excepción a la regla en mis gustos cinematográficos).

En esa época, la tradición dictaba el modus vivendi de los pobladores de Anatevka, la sola idea de faltar a la misma representaba una falta grave e inadmisible, que no podía ser tolerada por la comunidad. A pesar de ello, de la pobreza y de la precaria situación socioeconómica y política de la época de la Rusia de los zares (marco en el que se desarrolla la película)éstas jamás robaron la fortaleza y ganas de seguir  adelante de su personaje central Reb Tevye, el respeto y temor de Dios, el amor por sus hijas y por los que le rodeaban siempre fué lo que rigió su vida, AÚN POR SOBRE LA TRADICIÓN. Hecho que es demostrado cuando sus tres hijas mayores formaron sus vidas de maneras “no tradicionales”:

Las dos primeras eligieron por si mismas con quien querían casarse (Una con el vecino, amigo de la infancia y compañero de juegos, ahora sastre de la comunidad y la otra con un ruso “revolucionario” e “intelectual” quien había llegado de visita a la aldea y había sido acogido cariñosamente en el seno de la familia), muy por sobre la tradición que establecía que los matrimonios eran arreglados por la casamentera de la aldea, y aprobados por la cabeza de la familia, es decir el padre.  Tevye no tuvo más remedio que dar su bendición para ambas uniones, al anteponer la felicidad de sus hijas a las tradiciones por el simple hecho de ver sus ojos y saber que ambas uniones se habían dado gracias al más puro de los sentimientos humanos: el amor (los padres conocen a sus hijos).

La frecuente comunicación del personaje con Dios (a ratos de una manera irreverente pero cariñosa) se vuelve una constante durante la película siendo Él quien acompañaba a Tevye a cada momento en su caminar por la vida, escuchándolo, guiándolo y protegiendo a su familia. El final de la película en la diáspora (migración de grupos étnicos de sus lugares de origen) de la comunidad judía a causa de la Rusia zarista, es un tanto triste y le deja a uno un sabor como medio agridulce, pues se deja entrever el efecto que tienen en las comunidades las disposiciones políticas que llevan a cabo los gobiernos (harina de otro costal en la que no me meteré…)

“El violinista en el tejado” película de 1971 y ganadora de tres óscares y cuatro globos de oro, me enseñó atravéz de su personaje central Reb Tevye, muchas cosas: me enseñó que la vida es una prueba constante, y que la manera en que nosotros afrontamos esas pruebas es lo que determina en realidad como nos irá y como continuaremos con nuestra vida y objetivos después de algo que aparenta imposibilidad para alcanzarlos. Me mostró que en tiempos de adversidad el único que siempre acompañará nuestros malos momentos es Dios, y es Él quien siempre escucha nuestros cantos de alegría, nuestras lágrimas de tristeza, y se divierte con nuestras pataletas, porque nos ama y quiere lo mejor para nosotros; que el amor por la familia es lo importante, pues es la manera en que Dios nos hace saber que está con nosotros; que los amigos verdaderos siempre están ahí cuando las cosas se ponen difíciles, cuando hay que celebrar son los primeros que levantan su copa, y que cuando hay que consolar son los primeros en agachar su hombro; que no es lo mismo el lugar a donde vivo que mi hogar, el hogar está donde está mi familia, los que me aman, los que amo, donde vivo los momentos que valen de verdad.

Para finalizar, les dejo con la manera en que Tevye explica el porqué del nombre de la película “El violinista en el tejado”:

 “Un violinista en el tejado. Suena de locos, ¿no? Pero aquí, en nuestra pequeña aldea de Anatevka, podría decirse que cada uno de nosotros es un violinista en el tejado intentando entonar una dulce y sencilla melodía sin romperse la crisma. No es fácil. Quizá se pregunten  por qué aguantamos ahí si es tan peligroso. Bien, aguantamos porque Anatevka es nuestro hogar”

Por

Javier Francisco Roque Trujillo

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2 thoughts on “Si yo fuera rico…

  1. “The Fiddler on the Roof”… Una de mis películas favoritas! Excelentes comentarios respecto a ella Dr.! Veo que tiene buen gusto en las películas jaja. Buena trama y lindas canciones! TRA-DI-TION! haha pobre Tevye…

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