La fábula del “Ingeniero” sin ingenio

En una espesa selva septentrional, rodeado de una espesa maleza vivía en una aldea un miquito no muy “agraciado”: chiquito, prietito y orejón, de nombre Chepito. Chepito nunca había sido muy bueno en la escuela de micos, pues se pasaba el tiempo abrazando y enamorando a sus compañeras miquitas (era “feyo” pero tenía labia), en lugar de ponerse a estudiar; a la hora de los exámenes hacía unos magistrales pergaminos de copia, los cuales ocultaba tan profesionalmente que nunca había sido detectado, con el tiempo, al ir desarrollando su técnica, poco a poco fue desarrollando una retentiva importante, lo que lo llevó a memorizar con suma facilidad (casi sin proponérselo) los elementos que veía y escuchaba, prescindiendo asi del pergamino de copia. “La copia la llevo en la memoria” se ufanaba Chepito…

Conociendo su gran memoria fotográfica, y jactándose de ella, se burlaba de sus compañeros miquitos, tratando de hacerles sentir de menos, se había vuelto fanfarrón:

– Nooombre, si Monislao no sabe nada, no ha dedicado tantos años, tiempo, esfuerzo, dedicación y perfección al estudio como yo, ¡si es que yo soy genial! Decía Chepito a sus amigos miquitos.

– Pero si Monislao es de los que mejores notas lleva en el grado Chepito, es lento pero estudia… Le decían sus amigos miquitos

– Y como no va a llevar buenas notas, si por andar de “cholero” de la señorita borrándole el pizarrón, es que ella le regala notas, aquí el bueno SOY YO, el más inteligente, sobresaliente, asombroso, fuera de éste mundo, etc, etc…

Así se pasaban los días en la vida de Chepito: humillando, menospreciando y calumniando a sus compañeros miquitos; un día llegó a la escuela la oportunidad de una beca para estudiar en la Real Academia de Pavianes, una muy prestigiosa institución famosa por su plan de estudios de “Ingeniería en manejo y distribución de lianas y otros elementos selváticos colgantes” Ante las aparentemente bien ganadas notas de Chepito, fue seleccionado para otorgarle la beca.

Al llegar a la escuela de pavianes rápidamente fue tildado como haragán y “enamorado”, pues cuando se trataba de estudios superiores, los pavianes las sabían de todas, todas… Así pasaban los años mientras Chepito solo dedicaba unos minutos a memorizar las fotocopias y no asistir a clases en la escuela de pavianes, cuando no encontraba una manera de sobrellevar los problemas recurría a artimañas diversas para desviar la atención, o peor aún, para llamarla: desmayos repentinos, caídas aparatosas, enfermedades extrañas, lo que fuera con tal de evadir responsabilidades.

Oye Stewart, ese tal Chepito solo en el suelo pasa, ¿estará enfermo? Platicaban dos estudiantes pavianes.

No creo Jason, para mí esas cosas son para llamar la atención, y que nadie le asigne tareas o para no entrar a clases.

Después de unos años, Chepito regresó a su aldea, con un cartón entre las manos que le atribuía el título de “Ingeniero en manejo y distribución de lianas y otros elementos selváticos colgantes”, pero con una pena moral pues conocía la teoría, pero se le dificultaba visualizar la práctica de los conocimientos, sin embargo regresó a su rutina habitual: la fanfarronería, el desprestigiar el trabajo de sus colegas por el simple hecho de no haber sido elaborado por él o por celos y el menosprecio hacia sus semejantes

Y estas lianas que han puesto en éste árbol, ¿quien fue el zoquete que las dispuso así?, ¡que barbaridad! Si es que ésta gente no se tiene amor propio, retajo de ignorantes. Vociferaba a viva voz Chepito

Son las mismas lianas que han estado por años Chepito, en las que tu mismo te colgabas antes de irte a la Real Academia de Pavianes, por cierto, me están colocando unas nuevas en el patio trasero. Le decía su vecina marquita

¿QUE? No preciosa, ¿que no se quiere a usted misma mi amor?  Si tan chula que es, ¿no tiene amor por la vida?, eso no sirve, ¿sabe preciosa?, lléguese a mi oficina, le voy a dar precio especial, deje a ese que le está trabajando, ese no sabe nada, no es como yo de fascinante y entendedor de la materia.

Al ver que ante su coqueteo y palabrería su vecina se había convencido, tomó ese como su modus operandi: fue por la selva poniendo en mal el trabajo de sus compañeros micos para robarles a sus clientes, usando la prepotencia, la fanfarronería y la ignorancia como arma y carta de presentación.

Un buen dia, las lianas que Chepito había colocado a lo largo de su aldea empezaron a desprenderse una por una sin aparente explicación, cuando el gobernador de la aldea se dio cuenta le mandó a llamar, pero no lo encontró pues nuestro amigo se estaba dando la “buena vida” con unas monitas araña en una playa cercana, ante lo cual el gobernador optó por llamar a un reconocido “Ingeniero en manejo y distribución de lianas y otros elementos selváticos colgantes”, también egresado de la Real Academia de Pavianes, y que casualmente fue profesor de Chepito.

– Mire, señor gobernador, no me pondré a hablar en mal del trabajo de quien realizó el diseño de éstas, pues tienen las caraterísticas que la teoría exige, pero no lograron aplicarlas al medio ambiente de su aldea, le recomiendo cambiar completamente el sistema de lianas (todas habían sido cambiadas por Chepito en los últimos años usando sus artimañas de desprestigio), en mi empresa he conformado un excelente equipo de trabajo, casualmente todos son ex aldeanos suyos, que migraron porque alguien les mal recomendó entre sus vecinos y perdieron sus trabajos, pero en mi oficina han desarrollado exitosamente sus capacidades.

Finalmente todo el sistema de lianas fue reemplazado y mejorado, al regresar Chepito fue encarado por el gobernador, éste al no tener argumentos para defenderse pretendió fingir un desmayo para desviar la atención del caso, sin embargo fue juzgado en los tribunales por  el delito de “estafa y fanfarronería agravada”, contemplado en el código civil procesal penal de la  aldea, y cuya pena fué el destierro de Chepito de la aldea.

MORALEJAS (Son varias):

  1. El que es perico, donde quiera es verde.
  2. No hagas a los demás lo que no deseas para ti mismo
  3. El que ataca las capacidades de los demás, es porque las desea y carece de ellas.
  4. El verdadero profesional no es el que tiene un título, sino quien sabe cómo tratar a las personas que no lo tienen.
  5. No hay mejor carta de presentación que un trabajo bien realizado, éste se convierte en la mejor publicidad que existe.
  6. Quien posee la verdad y las capacidades no necesita desprestigiar a sus contrincantes para ganar limpiamente.

Por

Javier Francisco Roque Trujillo

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