¿Abbey Road en San Salvador?

El otro dia me dirigía presuroso a mi oficina, pues me esperaba un paciente y me había atrasado en la Universidad, camino a la clínica me topé con un semáforo en rojo, el cual divisé desde casi 30 metros antes, inmediatamente y cual película animada de pixar visualicé lo que iba a hacer:

Al llegar al cruce veré como está el tráfico, si no hay mucho voy a cruzar a la derecha, al fin y al cabo no será cruzarme en rojo el semáforo simplemente me incorporaré a la calle, pensé.

Mientras “maquinaba” en la mente mi movida, ésta se vió abruptamente interrumpida cuando un señor de facciones orientales llegó al cruce, y al ver que el semáforo estaba en rojo cruzó la calle por la línea de zebra para peatones, lo cual me obligó a frenar violentamente. -“Ah que Chinito mas atrevido, ni que fuera Paul McCartney en Abbey road” dije en tono de molestia; ¡y es que el señor había tenido la osadía de cruzarse en mi camino cuando yo tenía prisa en llegar a mi destino!..

Repentinamente, y entre los refunfuños, escuché una suave y melodiosa voz que me dijo:

El Señor está en su derecho de paso, además lo hizo por la zona designada para que lo haga: la zona de líneas de zebra, quien debería detenerse eres tu. Ahí me “zumbó” la conciencia cual violento penalti cobrado por Sergio Ramos (porque si me hubiese atinado me mata): ¡Tiene razón!

En los últimos tiempos estamos viviendo y formamos parte de una sociedad carente de consideración ni respeto por los demás, carente de urbanidad (la cual es definida por el diccionario de la Real Academia Española* como: Cortesanía, comedimiento, atención y buen modo). A mi entender, cortesanía la podría aplicar en acciones como ser cortés: saludar al entrar en una habitación o recinto, ceder el paso, ceder el asiento a ancianos, mujeres y niños, dar las gracias, respetar los reglamentos de tránsito etcétera, son pequeñas acciones que en la actualidad están en peligro de extinción. Comedimiento podría ser moderar el lenguaje en presencia de niños, no alzar la voz en lugares cerrados, escuchar música con volumen moderado, manejar a la defensiva, etc.  En cuanto a la atención y al buen modo se podrían decir las cosas con amabilidad, cortesía y educación, evitando la confrontación y el sarcasmo, cumplir con el trabajo que le corresponde sin afectar a los demás, dejar pasar a la persona que va a mi lado cuando pone la luz de cruce en lugar de acelerar para cortarle el paso… en fin…

Vivimos “ensimismados” en nosotros: en lo que YO necesito, lo que YO quiero, lo que a MI me gusta, lo que YO decido, lo que a MI me place y satisface; sin importar para nada lo que suceda con los demás. Lo preocupante no es que estemos conscientes de que lo hacemos, sinó mas bien que lo hacemos de manera automática y de lo más “natural” que no nos percatamos de ello, algunas veces sin ninguna mal intención.

Prácticamente hemos perdido el “arte de convivir” que hace más llevadera la vida; lo curioso es que se supone que el ser humano en un ser gregario (es decir que vive en comunidad), por lo que lo más sensato debería ser comportarse dentro de los cánones que permitan una armoniosa convivencia comunitaria (urbanidad, a mi entender), pero NO.

Por mi parte acepto el “Mea culpa” por maltratar verbalmente al señor que, en su justo derecho, se atravesó en mi camino, causándome el “GRAN” agravio de atrasarme cinco segundos, Ahora me atormenta el recordar las cosas que dije en una fracción de minuto sobre ese “infame” sabiendo que lo único que hizo fue ejercer su derecho de cruzar la calle en el momento y por el lugar adecuado. Sin embargo, que me atormente es bueno, significa que a lo mejor allá en el fondo de mi ser existe una minúscula fracción atómica de conciencia, la cual espero esté en cada uno de nosotros y a la que quiero apelar con éstas líneas.

A Dios gracias, en mi caso, cuento con una vocecita angelical que se encarga de bajarme cuando estoy “volando” muy alto o de levantarme cuando ando muy abajo, es decir, de darme pita o de cortarme línea (como se dice en el coloquial lenguaje del “encumbramiento” de piscucha),  y gracias a ella es que mi conciencia aún no se atrofia; si usted tiene una vocecita como la mía, empiece a prestarle atención, y si no la escucha no es porque no la tenga, simplemente el bullicio de ésta sociedad egoísta no le permite escucharla, simplemente preste un poquito de atención, cierre los ojos y abra el corazón… En cualquier RIVERA del rio encontramos alguna verdad que nos CUADRA.

Por

Javier Francisco Roque Trujillo

*Fuente: Diccionario de la Real Academia Española on-line: http://www.rae.es/rae.html

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