Tus pasos

Dios es perfecto, ¿sabes?, jamás se equivoca, y todas sus obras tienen un fin sin defectos; sin embargo, te cuento, que he sido partícipe de un evento en el cual no digo que se ha equivocado solamente porque tengo Fe… El haberme dado la Bendición (compromiso, “huevo”, etc.) de ser responsable de alguien, no en un sentido figurado, sino literal: ¡soy responsable de ti!

Yo, tan mala persona, poco grácil ser humano, tan defectuosamente “yo”, ser un ejemplo de vida, un modelo a seguir; alguien en quien confiar, alguien que represente seguridad en tu vida, quien te reconforte y consuele, quien te acaricie a diario y de tanto en tanto te corrija con una nalgada. Yo, incorregible, ¿corregirte a ti?

Nos parece increíble, a tu madre y a mí, verte con tu hermosa sonrisa correteando, y me hace reflexionar cómo a partir de aquel día cuando ella aceptó ser mi compañera y copiloto en ésta tumultuosa aventura llamada vida, ésta empezó a cambiar… para bien, hasta el momento en que llegaste tú, ahí nos “volteaste la tortilla” y nos tocó volver a empezar. Nuestra vida ha sido como una bola de nieve que va rodando por una colina, cada vez se va haciendo más grande de experiencias, de risas y amor, y por qué no decirlo: de problemas también; pero es nuestra bola, hecha por nosotros…

Mientras esa bola gira y va creciendo, vamos aprendiendo en el proceso, tú aprendes todo sobre ser tú, sobre la vida y el vivir, mientras yo aprendo a ser mejor ser humano, contigo y por ti; con tu madre y sus manías, contigo y tus gracias, conmigo y mis locuras… es esa la razón de mi imperfección: estar con ustedes, son ambas la locura más hermosa que me ha pasado, y que me está pasando.

Ahora que das tus primeros pasos por éste mundo, comprendo que no debo ir delante de ti, sino detrás, empujándote en las subidas y sosteniéndote en las bajadas. Sé que no puedo evitar que te caigas, pero puedo consolarte y animar a volverte a levantar, a llegar hasta donde tú te lo propongas, y no hasta donde otros “te dejen”; porque serás grande, mi amor, lo siento en mi corazón, lo sé en mi razón. Le pido a Dios que me permita acompañarte por ese camino, vida mía; estar ahí para ti, contigo, creciendo esa bola de nieve cada día más, detrás de tus pasos, cuidando tus pasos.

Al final te irás y el círculo iniciará de nuevo, esta vez serás tú quien se hará éstas mismas interrogantes, y espero que hayamos hecho lo suficiente, como para que al ver hacia atrás entiendas que la vida es un eterno aprender, y que es necesario que te equivoques y que rectifiques, mas no solamente que te equivoques, entonces estaremos ahí nuevamente tu madre y yo, empezando de nuevo, es decir, nos vuelves a “voltear la tortilla”… Y estaré un día sentado en mi hamaca, junto a mi viejita blanca, leyendo el post que has escrito para mis nietos, y seguramente la vida volverá a mejorar…

Con amor, papá.

Her steps

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